El 30 de diciembre de 2004 un incendio causó la muerte de 194 personas en un recital de rock en Buenos Aires. En el lugar, llamado República de Cromañón, con capacidad para 1000 personas había 4000. Alguien tuvo la «extarordinaria idea» de tirar una bengala y prender fuego el local. La tragedia fue inédita. A partir de ese momento los padres, familiares y amigos de las víctimas, apoyados por la derecha política quiere derrocar al Jefe de Gobierno de la Buenos Aires, Aníbal Ibarra, en un inédito golpe institucional. Los familiares, las víctimas, los sobrevivientes tienen conductas violentas y creen que el dolor da derechos. Derechos a amenazar de muerte, a presionar legisladores, a cometer tropelías dentro del recinto legislativo. Ellos creen tener la razón. Los medios de comunicación en Argentina no se animan a cuestionarlos. Ellos son autoritarios, cree tener la razón siempre y ser «la verdad». Nadie puede decirles nada que no quieran escuchar. Hasta llegaron a decir que iban a matar al hijo del Jefe de Gobireno de Buenos Aires para cobrarse la vida de los muertos en la tragedia.

«Hay que entender a los padres, hay que entender su violencia. Ellos sufrieon la peor de las pérdidas, por eso su compratamiento errático, violento, amenazante. Es muy entendible que reaccionen así» Esas frases son las que más se escuchan de parte de algunos comunicadores acerca de los familiares, víctimas y amigos de Cromañón. Esas palabras, sin embargo, parecen más un mandato que una opinión. En una sociedad sensible por historia, los mandatos no son un infortunio del lenguaje, son una tragedia.
Un periodista serio y «progre» de la Argentina dijo: «Las luchas de los familiares han mejorado muchas cosas, se ha llegado muchas veces a la verdad y han sido un factor fundamental en la construcción de un estado de derecho. Entre las cosas que hicieron, por ejemplo, han puesto en caja a los miltares». Eso es indiscutiblemnte cierto. Ahora, comparar a Madres, Abuelas, APDH, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Correpi y otras organizaciones, con los familiares de Cromañón es desafortunado. A todos los une el peor dolor. Pero el peor dolor no da derechos ni tampoco justifica el autoritarismo, las presiones, las amenazas. El dolor no da derecho a decir… «no me importan nada los que votaron a Ibarra, vamos a seguir hasta destituirlo». El dolor no da derecho a buscar linchamientos en vez de justicia. Linchar es la expresión que uso Iglesias en el momento de la tragedia para referirse a Ibarra.
Tampoco pueden manipular a la justicia y decir que los operadores políticos de Ibarra manipulan a la justicia. Porque hasta que el recurso de amparo que presentaron contra la Sala Juzgadora no cayó en un juzgado con un Juez enfrentado al ejecutivo porteño como Gallardo hicieron ocho presentaciones. Cuando se encontraron con un enemigo de Ibarra recién se sintieron satisfechos. Sin embargo cuando la justicia excarceló a Chabán fueron a la casa de la madre a tirar piedras y huevos no sólo a la madre de Chabán (una señora cuadriplégica) sino a los vecinos del edifico de la localidad de San Martín.

Los familiares no aceptan que nadie les diga nada, mientras ellos pueden amenenazar con matar a los hijos de los legisladores o al hijo de Ibarra, a Santiago, que tiene apenas 14 años. Nadie puede decirles nada mientras ellos pueden ir «contra todos» y «sin importar quien tiró la bengala». Porque eso no les interesa. El autor material, objeto y desvelo de la justicia, acá no importa. Nadie puede decirles nada que ellos no quieran escuchar.

Ada Morales, Marta Schenonne, la sra. de Monty (cuyos hijos fueron asesinados) no son violentas. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, no son violentas. Los organismos de derechos humanos tuvieron una infinita paciencia y esperaron a la justicia. Ninguno de ellos los patoteó ni amenzazó ni intentó linchamientos.
Nadie fue a apretar diputados cuando Menen o Alfonsin decretaron el punto final, la obediencia debida o los indultos. Se esperó a la justicia mientras se movilizaba la sociedad.
¿Por qué a la sociedad porteña no le intersa el tema cromañón?. Una de las razones es la violencia y lo «sacados» que son los familiares, víctimas y amigos. La gente rechaza la violencia y estos padres son violentos. La tragedia no justifica las amenazas y las patotas. El padre de la chica muerta en Mendoza, de nombre Dulce, dijo que se trató de una tragedia y salió él a consolar a los amigos de la nena. Ese señor, con el mismo dolor, no intentó cargarse a nadie. Claro, el apellido del señor es Paz.
Los padres de Sebastian Bordón aceptaron las disculpas de Blumberg en su desafortunado exabrupto del tipo «por algo habrá sido» el asesinato de Sebastian Bordon.
Las madres de los chicos muertos en la Masacre de Floresta no amenazaron ni intentaron agredir a nadie, sólo esperaron que el asesino fuera preso. Y el asesino se está pudriendo en una cárcel. Ellas, al igual que la familia Schenonne recibieron el apoyo de la sociedad.

Los familiares, víctimas y amigos de Cromañón son violentos. El entorno en el que murieron los chicos fue violento. Los recitales de rock de este tipo de bandas son violentos. ¿Entonces seguimos en esos términos? ¿Seguimos sosteniendo la violencia? Porque si se continía así en serio se va a terminar la institucionalidad y van a aparecer las consignas del tipos: «Hay que poner orden». El tema de la tragedia, para que no se repita, no se soluciona sólo con controles ni con Ibarra destituído. Eso se soluciona con inteligencia. El negro Dolina dijo en referencia a Cromañón hace un tiempo: Mientras más inteligente es una persona más sutiles son sus maneras de divertirse. Mientras menos inteligente es una persona más básica y animal es su modo de diversión. Inteligecia, ante todo. ¿Por qué no pedir inteligencia en medio del dolor?.
Ante la muerte sólo ha que esperar que las cosas se vayan ubicando solas en su lugar, incluso el dolor.